La relación entre jóvenes fumadores y padres adictos al cigarro


Una encuesta realizada a jóvenes entre 12 y 18 años pertenecientes al sector oriente de Santiago, señala que cuando ambos padres fuman, la probabilidad de que un joven se convierta en fumador es 3.5 veces superior al de hogares donde, al menos, uno de los padres no fuma.

En términos de adicción al tabaco, un informe sobre la Tendencia Mundial de las Drogas, de la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (ONUDD), indica que Chile presenta los índices de consumo más altos de América Latina y el mundo, con un predominio del 48% entre las personas de 12 a 64 años de edad, en comparación al 30% de adicción en el resto del orbe. 

En tanto, la Encuesta Mundial de Tabaquismo en Jóvenes (EMTA), encargada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), establece que los jóvenes chilenos presentan los índices de consumo más altos a nivel mundial: uno de cada tres escolares entre 13 y 15 años, fuma. Sin duda, un modelo que reciben de sus padres y que influye en la adicción temprana. 

Así lo confirma el estudio “Padres Fumadores 2007” realizado por el Instituto Médico Schilkrut (IMS), que encuestó a jóvenes entre 12 y 18 años pertenecientes a las comunas de Lo Barnechea, Vitacura, Las Condes y Providencia, el cual señala que el 72% de los jóvenes que fuman tienen uno o ambos padres fumadores. 

En tanto, los hijos de padres fumadores tienen un 35% más de probabilidades de convertirse en fumador que un hijo de un no fumador. 

De acuerdo a lo expresado por la psicóloga especialista en adicciones del IMS, Loreto Arriagada, el que los adolescentes vean a sus padres fumar, “hace que incorporen este hábito como una conducta aceptada y deseable y, por lo tanto, asimilan el fumar como parte de su repertorio conductual”. Sobre lo mismo, la psicóloga agrega: “Es sabido que un adolescente que comienza a fumar tiene más probabilidades de probar otras sustancias adictivas, lo que se ve favorecido si el contexto familiar no tiene un discurso claro acerca del consumo de sustancias”. 

Todo lo anterior se torna aún más preocupante si se considera que las expectativas de la calidad de vida a largo plazo de un joven fumador, se ven más restringidas que la de un no fumador, “llegándose incluso a limitar los años de vida y/o los años de vida en mejores condiciones que podría alcanzar si no fumara”, señala el doctor Alejandro Fernández, psiquiatra del IMS. 

Los riesgos de la permisividad 

El estudio realizado por el IMS arroja datos reveladores respecto a la relación existente entre los altos índices de tabaquismo en los adolescentes y la permisividad de los padres, señalando que el 100% de los adultos fumadores autorizan a sus hijos para que fumen cuando éstos tienen entre 15 y 18 años. 

Este fenómeno se explica porque los padres fumadores, “a pesar de conocer los problemas asociados al consumo del cigarrillo, a propósito de su propia adicción se sienten con menos autoridad para hacer respetar la norma de no fumar”. 

Según la especialista, es muy posible que el adolescente al ser autorizado a fumar, “se sienta temporalmente como formando parte del mundo de los adultos, pero la adicción se desarrolla muy rápidamente y, cuando esto ocurre, afecta la autoestima, ya que la imagen ideal de sí mismo nunca es coherente con el hecho de ser controlado por una sustancia”. 

Por el contrario, el 100% de los padres que no fuman, no autorizan a sus hijos a hacerlo cuando éstos tienen menos de 15 años, mientras que tan sólo un 38% los autoriza cuando sobrepasan esa edad. 

Dentro de los argumentos médicos posibles de utilizar para evitar que el adolescente fume, está el señalar en términos sencillos y prácticos, “que se hipoteca la calidad de vida haciéndose un policonsultante y/o paciente crónico, afectando tanto su propia calidad de vida como la de su entorno familiar. Médicamente, se trata de una decisión que lo afectará toda su vida de manera progresiva”, especifica el doctor Fernández. 

¿Cuestión de edad? 

Para la psicóloga del IMS, los padres a ninguna edad debieran ser permisivos con una conducta que es dañina para sus hijos, sobre lo cual recomienda mantener un discurso claro con respecto a las adicciones y conversar el tema de manera directa al interior del hogar. “Frente a las sustancias adictivas, siempre la respuesta de los padres debiera ser no. La posición de éstos es muy importante en relación con las conductas que establecen con los hijos, pues aún cuando en algunas ocasiones los adolescentes parecen no tomar en cuenta la opinión de sus padres, normalmente esta posición sí tiene un impacto en las decisiones de los jóvenes”. 



En relación al vínculo que se genera entre padres e hijos adolescentes fumadores, “se puede observar una mayor dificultad de parte de los padres para poner algunos límites. El ocasiones, el permitirse fumar con un hijo adolescente aparece como una pseudo complicidad y algunos padres tienen la idea de que generan un ambiente de mayor intimidad con los hijos, algo así como una relación de amigos. Pero esto repercute en una alteración de los roles parentales, en una mayor dificultad para poner normas y, en general, para ejercer funciones tanto de disciplina como de contención”, agrega la profesional. 

Respecto a las enfermedades que padece un adolescente que comienza a fumar a edad temprana, el psiquiatra Fernández señala los frecuentes cuadros de infecciones respiratorias altas y bajas, y la limitación crónica del flujo aéreo, lo cual es un factor de riesgo para sufrir neumotórax espontáneo. “En definitiva, el abanico comprende desde resfríos comunes a cuadros graves invalidantes”, aclara. 

El inicio es con el grupo de pares 

Los adolescentes suelen fumar su primer cigarrillo con el grupo de pares. Sin embargo, la adicción se desarrolla muy rápidamente, por lo que el haber comenzado a fumar de una manera más o menos regular, es una señal de adicción, aclara la especialista Loreto Arriagada, quien agrega que el consumo de tabaco afecta la manera de pensar, sentir y actuar de las personas. “En este sentido, el fumar implica un costo-oportunidad, ya que siempre se dejan de hacer ciertas cosas por privilegiar el fumar. Esto puede significar que influya en el elegir con quiénes te relaciones, qué actividades realizas, qué lugares frecuentas, etc.” 

Es importante destacar que durante la adolescencia se desarrollan tareas vitales, como es la diferenciación respecto de la familia y la construcción de identidad. Así lo explica la psicóloga, quien señala que es en ese momento donde los adolescentes buscan sentirse aceptados por el grupo de pares, para lo cual desarrollan conductas adaptativas a ese contexto, la cuales implican sentirse reconocidos como adultos. “El fumar puede formar parte de estas conductas, especialmente si el adolescente ha vivido en un ambiente en que el consumo de cigarrillos es admitido y forma parte del repertorio de conductas `adultas´”, concluye.